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análisis post-partido

Mendizoroza dejó todo sobre el verde: así fue el partido que nos deja estas sensaciones

Tras 90 minutos de batalla en el templo blanco y negro, analizamos qué pasó realmente, quién brilló y qué lecciones lleva el Glorioso hacia los próximos compromisos.

17 de junio de 2026

¿Qué vimos en Mendizoroza?

Los 90 minutos terminaron. El campo quedó exhaueto. Los aficionados se fueron con esa mezcla de emociones que caracteriza a los que amamos al Alavés: algo de alivio, algo de rabia, algo de esperanza. Porque en Mendizoroza, cada partido es una historia diferente, pero todas comparten la misma intensidad.

Lo primero que hay que reconocer es que Vitoria-Gasteiz se hizo presente en cada balón. No es frase hecha: el Glorioso jugó como si la ciudad entera estuviera dentro del campo. Eso se ve, se nota, es tangible. Hay equipos que juegan porque les pagan; hay otros que juegan porque no pueden vivir sin hacerlo. El Alavés es del segundo tipo.

Las fases del partido: por dónde se ganó o se perdió

En la primera parte, el equipo entró con ideas claras. La propuesta táctica funcionó en términos generales: hubo presión arriba, hubo salidas limpias, hubo ocasiones. No es que domináramos de forma abrumadora, pero tampoco estábamos perdidos. Eso es importante en esta competición donde los márgenes son tan estrechos.

Luego llegó ese momento donde todo cambió. No fue un gol desafortunado; fue que el rival entendió cómo atacarnos, encontró un hueco, y nosotros no estuvimos afilados en la réplica. Es fútbol. Es La Liga. Así funciona. Un minuto estás controlando, el siguiente recogés el balón de la red.

La segunda mitad fue de reacción. Porque los Babazorros no nos rendimos fácilmente. Salimos con otro ritmo, con hambre diferente, buscando igualar. Hubo méritos. Hubo ocasiones. Algunos dirían que fue la mejor parte nuestra del partido. Otros dirían que fue tarde. La verdad, como siempre, está en el medio.

Actuaciones individuales: quién llevó el peso

Luis Rioja, nuevamente, fue uno de los que más corrió, más luchó, más intentó. Su trabajo defensivo fue tan importante como sus intentos ofensivos. Ese es el tipo de futbolista que necesitas cuando las cosas se ponen cuesta arriba.

En defensa, la solidaridad fue notoria. No cometimos errores groseros. Fue un partido de detalles, y cuando juegas así, necesitas que atrás haya estabilidad. La hubo. No es glamoroso hablar de defensas porque los goles los hace el ataque, pero Mendizoroza fue sólido.

En medio del campo, la lucha fue brutal. Es donde se ganan y se pierden los partidos en la categoría, y nuestros centrocampistas lo entendieron. Cada balón disputado, cada recuperación, cada pase largo que avanzaba terreno. Eso es fútbol efectivo.

¿Qué funcionó? ¿Qué no?

La intensidad fue nuestra mejor arma. Cuando el Glorioso juega así, es difícil de vencer. El problema fue que la precisión en los últimos metros nos traicionó. Tuvimos situaciones, momentos de claro. Pero en LaLiga no hay derecho a fallar dos veces.

La estructura defensiva fue correcta, pero dejamos espacios laterales en algunos momentos del segundo tiempo. Nada grave, pero en esta categoría esos espacios se castigan.

En términos posicionales, fuimos reconocibles. No fue un caos táctico. Fue un partido normal de un equipo que pelea. Y a veces, cuando peleas en Mendizoroza con tu gente detrás, es suficiente para sacar un punto o incluso los tres. Otras veces, no llega. Hoy no llegó.

Las Txapelgorri: su versión del mismo drama

Mientras los masculinos disputaban su batalla, las nuestras hicieron la suya en Liga F. Y nuevamente, la historia fue similar: un equipo que lucha, que tiene ideas, que juega con seriedad. El fútbol femenino del Alavés no es la versión reducida del masculino. Tiene su propia identidad. Y en Mendizoroza, ambos equipos representan eso.

¿Qué queda para la próxima?

Esta es la pregunta que todas nos hacemos. Los próximos compromisos dirán si este partido fue un punto de quiebre o una batalla más en una guerra larga. Lo que importa es que el equipo no se rindió. Que la ciudad no se rindió. Que salimos de Mendizoroza sabiendo que dimos todo lo que teníamos.

El fútbol es así. A veces ganas, a veces pierdes, a veces empatas. Pero si lo haces con honor, en tu casa, con tu gente, entonces la derrota duele menos. Y la victoria, cuando llega, sabe a gloria genuina.

Los Babazorros volveremos. Las Txapelgorri volverán. Porque ese es el ADN del Glorioso. Volvemos siempre.

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